Quemar las naves

Mandari | 4 feb 2010.

En 1519, el conquistador extremeño Hernán Cortés salió de Cuba hacia la ciudad que hoy día es Veracruz, en México. Con él iban 400 soldados, cien marineros y solo quince caballos. Delante se extendía el vasto imperio azteca y su poderoso ejército. Se disponía a adueñarse del país y de sus legendarias riquezas. Poco después de desembarcar quemó sus naves.
En 1066, Guillermo el Conquistador también quemó sus naves después de haber desembarcado en Inglaterra, antes de la famosa batalla de Hastings, que llevó a los normandos a dominar la isla.

Giuseppe Garibaldi, el héroe de la unidad de Italia hundió los barcos que lo habían transportado a él y al millar de hombres que lo acompañaban, en la empresa de liberar al Reino de las dos Sicilias del yugo de los Borbones.

Los ejemplos históricos citados anteriormente, de quemar las naves, constituyen una señal inequívoca de la terquedad, que algunos han demostrado, a la hora de enfrentar momentos difíciles. No hay vuelta atrás y cualquiera que no esté de acuerdo es un traidor.

Nuestro país está a un paso del abismo; el año pasado acabó con 4.326.500 parados. En doce meses se destruyeron más de 1,2 millones de puestos de trabajo y la tasa de desempleo llega al 18,8%. El déficit público se ha disparado en el tramo final de 2009 para alcanzar el 11,4% del PIB. El objetivo de reconducir el déficit al 3% del PIB, en 2013, parece inalcanzable. Se dice ahora que las Comunidades autónomas y los Ayuntamientos tienen la solución. Economía quiere que la Administración territorial complete con 10.000 millones de ahorro el recorte de 40.000 millones que asume el Gobierno para 2013.

En la zona Euro solo Grecia está peor que nosotros. Según las últimas estimaciones de Bruselas, la deuda pública griega pasará desde el 99% del PIB en 2008 hasta el 135% en 2011. Su déficit por cuenta corriente alcanzó el 14,5% del PIB en 2008, acumulando en total una deuda exterior del 144% del PIB. Un claro ejemplo de un país que ha quemado sus naves. La magnitud del desastre griego es tan grande que  bien puede aplicársele aquello de: “Si debes 10 millones al banco, tienes un problema. Si debes 100, el que tiene el problema es el banco”.
Quizás, el partido gobernante quiera imitar a nuestros amigos helenos y heredar a la oposición, si esta gana las próximas elecciones,  un escenario parecido, de manera tal que no haya una puerta de salida, pues cuando la deuda interna de un país supera el 100% del PIB, poco se puede hacer, porque el servicio de la misma constituye un desembolso importante impidiendo toda acción del Gobierno encaminada a reflotar la nave. Pero si la nave está hundida el problema no existe, pues cualquiera que venga detrás, haga lo que haga, no podrá reflotarla. La prestigiosa revista inglesa “The Economist”, alertaba hace algún tiempo, sobre la peligrosa costumbre que tiene Zapatero, de untar con dinero público todos los problemas que puedan surgirle.

En la época de la dictadura franquista solo uno de cada ocho españoles era funcionario público; hoy lo es uno de cada cuatro. Ese es el verdadero reto al que se enfrenta la  España del siglo XXI. Dejémonos de gaitas, hablando de remedios infalibles como la famosa economía sostenible creada por decreto.
Un país que se respete a sí mismo y que quiera tener una credibilidad mundial debe de manejar sus cuentas correctamente, y para ello es necesario empezar por tener una administración delgada, que no enorme y elefancíaca con competencias superpuestas.
¡Que Dios nos coja confesados!

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